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Nunca permití que denigraran a mi familia

Aún recuerdo a mi hermano llorando al llegar a casa, cuestionando si los trabajos de mis padres eran malos o porque todos los niños de su escuela se burlaban de ellos. El sentimiento lo invadía y me llenaba el cuerpo de rabia, me hervía la sangre, sobre todo cuando me preguntaba si ya no debía decir a qué se dedicaban mis padres. Siempre le respondía que nunca, jamás, se avergonzara de lo que hacían nuestros papás, pues gracias a ellos teníamos una casa donde vivir y una escuela privada, la cual pagaban con mucho esfuerzo.

Había ocasiones en las que la directora me mandaba a llamar porque mi hermano se había peleado y golpeó a uno de sus compañeros, en ocasiones no sólo era uno, sino dos o más. Cunado volvíamos a casa le preguntaba por qué lo había hecho, aunque ya conocía la respuesta. “Unos niños molestaron a papá y a mamá. No me dejé, como me dijiste”. Me sentía orgulloso, pero le dije que la violencia sólo le iba a traer consecuencias similares, por lo que debía buscar una mejor forma de poner en su lugar a quien menospreciara el trabajo de nuestros papás.

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Le dije que cada vez que uno de sus compañeros de la primaria se burlara de que nuestra mamá era una ayudante de hogar o que mi papá fuera mecánico en una empresa de flejadoras, no hiciera nada, no contestara, que lo usara como motivación para ser el mejor y cerrarle la boca a todos aquellos que creen que por ser hijos de personas trabajadoras no podremos sobresalir. Y como si fuera uno de los diez mandamientos, me hizo caso. Nunca hablamos de estos temas con mis papás para no hacerlos sentir mal, pues era todo lo contrario, estamos en deuda con ellos por todo lo que nos han dado.

Después de esa plática, me llenaba de orgullo ver a mi hermanito obtener el primer lugar año tras año, me llenaba el alma ver a mis padres sonreír y aplaudir los logros de su pequeño, y aún más gusto me daba ver las caras de envidia de todos sus compañeros. Lo siguieron molestando, pero eso lo motivaba aún más y no había forma de detenerlo, creo que se convirtió en una máquina de éxito.

En la secundaria y preparatoria se encontró con varios grupitos de compañeros que lo molestaban por ser dedicado, llamándolo nerd y otros al enterarse de la ocupación de mis padres le hacían burla por ello. Sucedió lo mismo que en la primera, hizo caso omiso, ni siquiera los acusó y utilizaba esos comentarios como motivación. Medallas, diplomas y una gran cantidad de premios por ferias de ciencia y por sus buenas calificaciones llegaban a nuestra casa como aguacero.

Hoy puso la cereza en el pastel, hoy cuando está inaugurando su empresa. En lo alto de ese gran edificio están las iniciales de su empresa, que lleva por nombre los apellidos de mis padres, los cuales portamos con orgullo. Hoy culminó su venganza, demostrarle a todos los que se burlaron del trabajo de mis padres, que ese empleo le permitió tener esa empresa y ahora puede sacar a mis padres de trabajar, y no porque se avergüence, sino porque ya están grandes y es nuestro turno cuidarlos.

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