Tus Bienes Raices

Hace unos días fui a comprar unas balanza digital para poner en nuestro nuevo gimnasio, sin embargo, para mi aparente falta de suerte,  la tienda estaba cerrada cuando todas las veces que había pasado había estado abierta, excepto naturalmente esta vez.  Al estar ahí, intente regresar a mi automóvil pero este no quería recibir la señal de mis llaves lo que me resulto sumamente desagradable puesto que hacia un tremendo calor, de esos nuevos calores inauditos que desde hace tres años están impactando a nuestra ciudad y al cual simplemente aun no me acostumbro.

Cuando me di cuenta de la situación decidí sentarme en una banca cerca de mi auto que estaba debajo de un gran árbol que desprendía o proyectaba una gran sombra deliciosamente fría en medio de un calor infernal. Al sentarme en aquella preciada banca pude sentir inmediatamente una temperatura cuasi glacial que pareció entrar a mis venas como una inyección de hielo, algo que curiosamente siempre deseo al momento de experimentar calores como estos. Al estar sentado ahí, voltee a mis alrededores para ver un parque de cemento tapizado por la dorada luz del sol y por grafitis de calidad bastante cuestionable. Normalmente, hubiera sentido una sensación de horror estético y de depresión al ver tal parque donde además había una vagabunda hablando con otro vagabundo mientras tomaban el sol de manera placentera.

parque abandonado disney 04 300x225 - Epifanía en el Parque Abandonado

Si bien he dicho que esto normalmente me hubiese parecido algo depresivo – por decirlo suavemente-  esta vez me causo una extraña sensación de anhelo y placer parecida a la que produce la lectura de un buen poema en un  momento de crisis.  Algo era lo que había de poético en ese parque abandonado por la suerte y por la civilización  humana  apreciado solamente por dos vagabundos conversando felices como dos gatos  en un techo de una casa abandonada tomándola, en su estado original, como un reino propio del ave fénix que hace de las cenizas algo nuevo y productivo para el alma.

Pronto después de haberme percatado  de la felicidad abstracta de aquel par de vagabundos note la presencia de un cuervo posado en el travesaño de una portería de futbol oxidada por la lluvia y por tiempo. Aquel cuervo no estaba solo, puesto que estaba acompañado por tres polluelos que observaban el panorama con encanto y curiosidad, en un mundo que apenas comenzaban a descubrir. Esa escena de esperanza y curiosidad toco algo en mi interior que desato un proceso evolutivo sensorial de mi percepción del mundo activo aun el día de hoy,  donde todo parece maravillarme y donde encuentro una extraña belleza en lo no bello que me da pequeños pero poderosos espasmos de felicidad y gratitud ante la vida.

En esos momentos, de aquel día bajo el árbol,  cerré los ojos y me quede profundamente dormido como nunca lo había hecho. Al despertar, la tarde había llegado, los vagabundos habían partido y los cuervos ya no estaban, por lo que regrese a mi auto que funcionó perfectamente.

Algo hizo ese momento que mi vida cambió.

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